viernes, 6 de junio de 2008

DIMENSIONES DE DESARROLLO



° Concebimos al ser humano como una unidad compleja y multidimensional, cuyos componentes no son disgregables, más bien se configuran en íntima relación e interdependencia unos de otros. Entendemos por dimensión, aquellos componentes constitutivos y estructurales de la persona, integrados por un conjunto plural de capacidades susceptibles de educación y evolución. Cada dimensión se desarrolla a partir de procesos que se pueden identificar en sí misma, entendidos éstos como el conjunto de transformaciones y cambios, que se dan de manera compleja en el desarrollo de la persona y se manifiestan en actitudes y conductas concretas.

° La propuesta se articula en cuatro grandes dimensiones antropológicas: Dimensión Cognitiva, Dimensión Relacional, Dimensión Volitiva y Dimensión de Trascendencia. Estas cuatro Dimensiones son el resultado de una profundización y relectura sobre la Antropología Teresiana, desde la experiencia espiritual de Santa Teresa de Jesús recogido en su Libro de las Moradas.

Cada una de las dimensiones es expresión de la potencialidad humana. La persona es cognición en cuanto aprehende la realidad; es relación en cuanto abierta a las cosas, a las personas y al fundamento de su ser; es volición en cuanto activa y creadora de realidades; es trascendencia en cuanto experiencia de lo divino dentro y fuera de sí.

° De acuerdo con lo anterior, entendemos el potencial humano como expresión de su ser intrínseco, pero además como manifestación de otra realidad que le es fundamental: DIOS. Es decir, a través de su dinamismo personal, el ser humano hace experiencia de lo divino como primera y radical dimensión de su ser y como fundamento último de sus capacidades personales[1]. Este potencial humano lo denotamos con las categorías: aptitud y capacidad.


[1] Cfr. AMAYA, Jorge, en “El monismo integrable de Xavier Zibiri y Pedro Laín Entralgo”. Artículo sacado de http://www.zubiri.org/general/xzreview/1998/monismointegrable.html; Pág. 2 y 4.

ESPIRAL DE DESARROLLO DE LAS CAPACIDADES



Entendemos por capacidad el potencial de acción del ser humano, inherente a su propia condición y que le posibilita a partir del ejercicio de una aptitud, desempeños cualitativamente diferentes en contextos particulares. Por su parte, concebimos la aptitud como la disposición innata de la persona, a partir de la cual es posible el desarrollo de habilidades y competencias.

Cada una de las dimensiones conlleva una “consistencia corporal” que le permite exteriorizarse, relacionarse con el entorno e inclusive con las otras dimensiones de la persona en sí. Es decir, el ser humano es, vive y se manifiesta a través de su corporeidad, entendida ésta no como simple materia cósmica, sino como “materia personal[1].

Diferimos diametralmente de concepciones antropológicas que conciben al ser humano como un agregado de materia corporal y espíritu. Para nosotr@s la persona es una realidad psicosomática en donde no es posible dimensiones humanas inmateriales o materia humana que no esté abierta a lo psíquico y espiritual. Tenemos la certeza por lo tanto, de que todos los dinamismos de la persona, todos sus procesos y conductas tienen una base corporal a manera de “precondición y mediación[2] de todo lo humano.

Creemos en la educabilidad humana como la posibilidad de potenciar y desarrollar la capacidad de la persona. Es por esto que optamos por modelos de aprendizaje que priorizan el desarrollo de capacidades. Se trata de un proceso continuo y en espiral que va desde el ejercicio de una aptitud, pasando por el progreso de habilidades, hasta el desarrollo de competencias.

Entendemos por habilidad la evolución del potencial natural (aptitud) a través de diferentes experiencias de aprendizaje en el entorno familiar, social y educativo. Y por competencia, el dominio de una práctica en contexto, sustentado por el desarrollo de alguna o algunas habilidades.


[1] NIÑO MESA, Fidedigno de Jesús. “Antropología Pedagógica. Intelección, voluntad y afectividad”. Ediciones Magisterio, Colección Mesa Redonda. Bogotá 1998, Pág. 82.

[2] GIMENO-BAYÓN, Ana. “Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad”. Editorial Desclée De Brouwer. 4ª Edición. Bilbao 1999, Pág. 95.

jueves, 22 de mayo de 2008

MODELO PEDAGÓGICO TERESIANO



Es una herramienta conceptual que sirve para orientar nuestro que-hacer pedagógico, lograr sentido de pertenencia e indentidad, y dar criterios de acuerdo a la Propuesta Educativa Teresiana.

CARACTERÍSTICAS:
  1. SISTÉMICO: Está compuesto por componentes interrelacionados en entre si y conformando un todo inseparable y coherente, de tal manera que un cambio en uno de ellos afecta a todos los demás y al sistema total.

  2. SITUADO: No se produce en el vacio o aislado de los fenómenos sociales y los contextos culturales. Guarda extrecha relación con los contextos sociales de los cuales nace, se sitúa y tiene sentido.

  3. TIENE ACTORES: Involucra a toda la Comunidad Educativa, exige coherencia y compromiso con sus presupuestos antropológicos, teológicos y pedagogicos.

  4. INTERDISCIPLINARIO: Se circunscribe en el paradigma de la complejidad, contrario al paradigma atomisista que reduce el conocimiento de un todo al conocimiento de las partes. Evita el aprendizaje que separa, compartimenta, aísla y descontextualiza.

En la figura se expresan los COMPONENTES DEL MODELO PEDAGÓGICO TERESIANO.